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Néstor Frenkel: construcción de un juglar

Un hombre recorre las ruinas con sus perros; otro trasplanta árboles. Un superochista de multicolección indica cuándo cortar. Un mago es rescatado del olvido. Construcción de una ciudad, Amateur, El gran simulador son algunas de las historias que Néstor Frenkel decide recuperar, editar y transmitir. “A mí me gusta documentar esa ficción de la vida: cuando veo que hay un mundo, que alguien como que inventó un mundo y vive ahí dentro”. En su cine,

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La trilogía del desprecio de Jayro Bustamante

Yo: indio, hueco y comunista. Ciertas palabras, aunque poseen la capacidad de viajar a la velocidad de la luz, sumergen a su destinatario en la oscuridad. Los insultos, sonidos que incluso pronunciados en susurros siempre resuenan potentes con ecos de crueldad, son dardos envenenados de la ignorancia de su emisor, cargados con la potencia del odio y expulsados en la certeza de que no se convertirán en bumerán. La ofensa nace con la esperanza del

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Bailemos Joker

 So, buddy, tell us what’s so fuckin’ funny?   ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe! Reír llorando – Juan de Dios Peza Y los dados sueltos de tu risa seca, con los cascabeles disuenan rivales. Tu risa amenaza como los puñales, como un moribundo se tuerce tu mueca.  Al jorobado –

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Sklar y el poder del cine infantil

“El cine verdaderamente político es el que te puede hacer cambiar de idea. Por eso analizo cine infantil”, explica el escritor Juan Sklar desde su columna semanal en el programa Basta de Todo que transmite por radio Metro. Su segmento se llama Ideologías Animadas y así también se llama el libro que salió a la luz el pasado noviembre y contiene una recopilación de sus mejores análisis. Detrás de las historias de princesas y castillos,

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La vida como oleaje en ‘La boya’ de Fernando Spiner

Esa máquina, que es el mundo, está obsesionada últimamente en enseñarnos solo sus ritmos fugaces, enceguecedores y lastimosos. Anegados, como estamos, de imágenes confusas y furiosas, que pasan rápidamente sin detenerse y nos dejan apenas sabores amargos, aceptamos a regañadientes y con un encogimiento de hombros la idea de que no parece haber modo de narrar de otra manera que no sea precipitadamente. El abismo está al alcance del camino y no tiene fondo: las