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Roberto Musso: no hay cien palabras que lo puedan definir

Roberto Musso. Compositor, guitarrista y vocalista del Cuarteto de Nos (*)

Empecemos por el principio: Robertito Musso

Es un día soleado de principios de agosto en la ciudad de Tajo. El 21 de septiembre, tan ausente y tan distante, brilla de tristeza y de inseguridad aún. Tajo es una ciudad pequeña ubicada en un también pequeño país costero, al sur de América. Tiene varios bulevares y amplias avenidas, muchos árboles de distintos colores, con predominancia del rojo, el celeste y el amarillo.

Es una ciudad baja, con casas pintorescas, sobre todo en las cercanías de la Bahía del Bacalao. Sólo se puede llegar hasta ahí en carrito de supermercado o en trolebús. Se dice que allí la moda nunca pasa de moda, y la gente ya está aburrida de divertirse. Pero si hay algo de particular, muy particular, que caracteriza a este lugar, es la diversidad de poetas y variados personajes que residen allí. Uno de ellos es el actor Bimbo de Pauli. También vale la pena mencionar a los grupos musicales Cuartetitos con C y Los Bedronclos, y Tuquito y sus coboys.

Robertito Musso vive en Tajo, en una vivienda del barrio Barrancas abajo. Nació a las 11 de la noche. Es de Escorpio, pelo castaño y le gusta el almendrado. Dice que de grande quiere tener dos sillones azules. No un baúl, ya que no es muy ordenado.

Su padre es arquitecto y, tal vez porque se la pasa proyectando ampliaciones y mejoras que están fuera del alcance de su economía, la casa donde viven siempre está en construcción. Debido a esto, si bien es una casa grande, Robertito comparte el cuarto con sus hermanos Ricardo y Marcela, con quienes se lleva bien.

El Cuartito del Fondo es un espacio alejado de la casa donde Robertito se refugia, junto con su hermano. Allí hacen un programa de radio y lo graban en unos casetes, para escucharlos por las noches y reírse como locos.

Sus amigos viven en Malvin, cerca de la casa de sus abuelos. Esta es una de las razones por las que ansía que lleguen las vacaciones, para irse allí y pasar esos tres meses de pura pelota en la calle.

Por esos días, cuando camina por Tajo le gusta hacerlo por el lado soleado de la calle. No se aparta de su rumbo mirando los detalles. Lleva siempre una mochila que comienza a cargarse de historias. Aunque con solo 12 años, a veces se percibe meditabundo, y si no quiere ser descubierto por los demás, se pone sus lentes negros, elige una canción, la pone a sonar y sube el volumen de su auricular. Se mete en su mundo.

El mundo de Robertito siempre estuvo fuertemente atravesado por la singularidad de Tajo. Una vez leyó en una pared “La verdad es que no hay una verdad” y sintió inquietud de estar a merced de tanta sed de dualidad. La rareza de la ciudad lo atraviesa de tal forma que él mismo parece estar habitado por personajes de lo más variados.

Tal vez esa idiosincrasia de Tajo que a veces lo desbordaba hizo que se sintiera cada vez más inclinado a alguna expresión artística. Junto a su hermano Ricardo, que tocaba la batería, usaban una escoba de micrófono y hacían que cantaban. Pero sus deseos no estaban del todo claros, hasta que sucedió un hecho que comenzaría a cambiar las cosas.

Un día, su tía abuela le regaló un disco de los Beatles. Fue el primer regalo musical que lo marcó, que le rompió la cabeza. Fue tanta la pasión que despertaron los británicos en el joven Musso, que Robertito pensó “quiero ser como Lennon” y decidió tomar clases de guitarra.

guitarra

Mientras estudiaba guitarra y escuchaba uno tras otro los discos de los Beatles, que compraba con dinero que le pedía a su papá, Robertito y Ricardo disfrutaban de sus programas de radio y ensayos en el Cuartito del Fondo. Los programas consistían en paneles de especialistas que destrozaban con sus críticas a poetas de Tajo que se presentaban por primera vez a exponer sus poesías. Otro de los personajes que por allí pasaba era Emilio García, también oriundo de Tajo, especializado en marketing de artistas.

Por esos días, los hermanos Musso conocieron a Santiago Tavella. Los tres tenían un gusto particular por las bromas, disfrutaban jugar con las palabras y crear una diversidad de personajes que de a poco comenzaban a habitar un universo mágico y prolífero. El Cuartito del Fondo fue el escenario de sus primeros ensayos, cuando hacían covers de Led Zeppelin y de los Beatles.

Ya a comienzos de los 80, empezaba a gestarse uno de los movimientos musicales más importantes del país, con el surgimiento de bandas contestatarias y alternativas. Robertito sabía esto, y era algo que lo entusiasmaba cada vez más a pensar en la propia banda, junto a Ricky y Santi. Y así fue que en 1984 nació, en la ciudad de Tajo, el Cuarteto de Nos, compuesto por los hermanos Musso y Tavella. El cuarto integrante era el baterista, que iba variando. En tanto, el primer manager de la banda fue el mismísimo Emilio García. Lo que se sabe de su rápido alejamiento es que debido a que el disco que produjo fue un fracaso de ventas, el tipo se despidió y puso una fábrica de termos.

En las primeras presentaciones en público se los vio disfrazados con pañuelos y globos de colores atados a la cabeza y a las articulaciones. En las piernas llevaban enrollado papel aluminio. En los shows, que eran cada vez más burlescos y divertidos, también solía verse al actor Bimbo de Pauli, que oficiaba de animador y maestro de ceremonia. Además supieron acompañarlos los Cuartetitos con C, Los Bedronclos y Tuquito y sus coboys.

Aquiles solo por su talón es Aquiles

Dice Musso en la letra de una canción. Si bien es inevitable referencia para hablar del Cuarteto de Nos, él no es solo el Cuarteto de Nos. Además de las palabras y los sonidos, Roberto se inclinó también por otro ámbito de elementos abstractos e interrelacionados y decidió, a fines de los años ‘70, comenzar a estudiar Ingeniería en Sistemas. Apenas existían las computadoras.

Paralelamente a la música, nunca abandonó su estudio. En 1990 se graduó como Ingeniero. Musso encuentra en la ingeniería paralelismos con el arte compositivo. Considera que ambos tienen la cuestión de vivir en un mundo irreal.

En 1995 conoció a Laura, quien luego se convirtió en su mujer y madre de su única hija, Federica. “Para mí haber tenido a Federica […] fue descubrir sensaciones que desconocía. Nunca imaginé que me iba a mover tantos hilos de sensibilidad. Dudé muchísimo si ser o no padre, pero sabía que si llegaba a tener hijos iba a ser un buen papá”, afirmó emocionado en una entrevista publicada en el portal web del diario uruguayo El Observador.

Hoy es uno de los compositores más reconocidos de su país, con premios bajo el brazo, ganador de 2 Grammy Latino en 2012 por Mejor Álbum Pop/Rock y Mejor Canción Rock. Aun así, su corazón no envejece y en su alma parece habitar la niñez.

Para los lectores que no conozcan a Roberto Musso, o al Cuarteto de Nos, o a ninguno de ellos, pero que por alguna razón se interesaron en este artículo, a esta altura deberían saber que la ciudad de Tajo a la que se hace referencia no existe en realidad. Es producto de la imaginación de los hermanos Musso.

Pero Tajo y sus personajes no quedaron solo en ese plano, sino que han atravesado su historia personal y profesional en el ámbito de la música. La ciudad, sus poetas y personajes están presentes en las letras del Cuarteto de Nos, la única banda uruguaya que ha tenido un manager ficticio. Son la base desde la cual se construyó a lo largo de estos años una propuesta de ritmos rock, hip hop e incluso tropicales, con letras afiladas, originales, crudas, intertextuales y, sobre todo, irónicas. También están presentes allí la autocrítica del ser y sentimientos básicos como el amor, la conciencia del paso del tiempo y la vejez, entre otras emociones.

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Adicto a hacer canciones. Y se hace cargo

Roberto Musso escribe canciones desde los 15 años. Compone tomando café con leche. Lo hace con total libertad y según el momento de la vida que esté atravesando. Se declara obsesivo y rutinario. Le gusta jugar con el lenguaje y buscar rimas. Es cuidadoso con las palabras y no le gusta caer en lugares comunes.

Muchas veces siente que hay canciones que están en el límite de ser “buenísimas o espantosas”. Por eso va testeando el demo. “Lo escucho bajoneado, alegre, de noche, por la mañana, en el auto… Y así voy viendo si supera las pruebas”, declaró durante la entrevista bridada a El Observador.

Llega septiembre y la vida lo vuelve a emboscar una vez más

Habitante de un universo particular. Descubridor de lugares asombrosos. Creador de un halo de misterio que envuelve a situaciones y personajes. Autor de historias fantásticas y reales al mismo tiempo.

Escribe pensando en la sociedad que quiere reflejar. Busca rimas con sentido y juega con las palabras, metiéndose en un mundo de ficción que luego será soporte de una realidad. Sus últimas creaciones son un verdadero bestiario, al estilo Borges o Cortázar, donde se dan cita la bestia, el invisible, el gaucho y el zombi. Producto de sueños, deseos y miedos propios de la denominada condición humana, estos personajes fantásticos se desarrollan como alter egos en tanto metáfora y correlato de la sociedad en la que vivimos.

Hacedor de música sin edad, a más de 40 años de haber leído en una pared de Tajo que “La verdad es que no hay una verdad”, Roberto afirma que busca respuestas y encuentra preguntas. Tal vez Roberto haya encontrado una de las claves de esta vida: preguntarnos y asombrarnos, como cuando éramos chicos, y dejarnos atravesar por la magia propia de una ciudad como Tajo.

(*) Biografía ficcionada. Fragmentos de la vida personal y profesional, real e imaginaria de Roberto Musso.

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