El libro es amarrado a una piedra para ser arrojado al lago de la nueva ciudad; es envuelto con una cuerda, ella lo sujeta al peso que le permitirá llegar al fondo, sin volver a la superficie. Los libros son peligrosos, las personas pueden ser detenidas o desaparecer a causa de ellos, como los padres de Clarice. Y en Brasilia el cielo es tan diáfano que, si se quemaran los libros en una hoguera, sería
Ilustración
Una reina a punto de casarse, enanos, castillos y magia: antes de su primera página, La joven durmiente y el huso evoca el imaginario colectivo sobre los cuentos de hadas únicamente para hacernos entender que va a desafiar todas las construcciones culturales que se nos disparan en cuanto leemos el título de este libro. La propuesta de lectura se tiñe de advertencia para dejar un mensaje muy claro: “…aquí nadie espera que aparezca un noble
“Este mismo plato comemos con mis hijos ahora. La clara y la yema poco cocidas, el sabor dulce, los ingredientes simples. Felices juntos.” Hi, es fuego en japonés y Matsuri, festividad. Hi Matsuri es la festividad del fuego. Una celebración que tiene su origen en el año 1251 y representa la confianza en que el poder de las llamas transforma lo negativo en energía positiva. En esa clave está escrito Del Bosque florido: una vida
En los ojos de la gente, en el vaivén, el caminar y la caminata; en el estruendo y el tumulto; en los coches, automóviles, omnibuses, camiones, hombres-anuncio que van y vienen de un lado a otro; en las bandas de música; organillos; en el triunfo, y en el tintineo y en el extraño canto de algún aeroplano que pasaba volando estaba lo que ella amaba: la vida; Londres; este momento de junio. Porque era junio.
…Una triste noche del mes de noviembre pude, por fin, ver realizados mis sueños. Con una ansiedad casi agónica dispuse a mi alrededor los instrumentos necesarios para infundir vida en el ser inerte que reposaba a mis pies. El reloj había dado ya la una de la madrugada, y la lluvia tamborileaba quedamente en los cristales de mi ventana. De pronto, y aunque la luz que me alumbraba era ya muy débil, pude ver cómo
Bajé del automóvil y cerré de golpe la portezuela. ¡Qué concreto, qué rotundo, se oyó aquel portazo en el vacío día sin sol! «¡Guau!», comentó el perro mecánicamente. Apreté el timbre, que vibró por todo mi sistema nervioso. Personne. Je resonne. Re-personne. ¿De qué profundidades de mi mente surgían aquellas tonterías? «¡Guau!», volvió a comentar el perro. Se oyeron pasos apresurados, que se detuvieron de repente, y la puerta se abrió con un seco chasquido,
ILUSTRACIÓN: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Por Patricia Gutiérrez. “No has matado el pez únicamente para vivir y vender para comer –pensó–. Lo mataste por orgullo y porque eres pescador. Lo amabas cuando estaba vivo y lo amabas después. Si lo amas, no es pecado matarlo. ¿O será más que pecado?” –Piensas demasiado, viejo –dijo en voz alta. “Pero te gustó matar al dentuso –pensó–. Vive de los peces vivos, como tú.
ILUSTRACIÓN: ‘Un día perfecto para el pez banana’, de J.D. Salinger. Por Patricia Gutiérrez. -¿Nunca usas gorra de baño ni nada de eso? -preguntó. -No me sueltes -dijo Sybil-. Sujétame, ¿quieres? -Señorita Carpenter. Por favor.Yo sé lo que estoy haciendo -dijo el joven-. Sólo ocúpate de ver si aparece un pez banana. Hoy es un día perfecto para peces banana. -No veo ninguno -dijo Sybil. -Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy
ILUSTRACIÓN: Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda. Por Patricia Gutiérrez. ———————————- Las hortensias extendidas en otro tiempo decoran la estancia más arriba de mi cuerpo. He sentido el grito de los faisanes acorralados en las ramas de agosto. Un animal invisible roe las maderas que también están más allá de mis ojos. Y así se aumenta la serenidad y prevalece el olor de la mostaza que fue derramada por mi madre. Yo convalezco
ILUSTRACIÓN: Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Por Patricia Gutiérrez. Charles avait entrevu dans le mariage l’avènement d’une condition meilleure, imaginant qu’il serait plus libre et pourrait disposer de sa personne et de son argent. Mais sa femme fut le maître ; il devait devant le monde dire ceci, ne pas dire cela, faire maigre tous les vendredis, s’habiller comme elle l’entendait, harceler par son ordre les clients qui ne payaient pas. Elle décachetait ses lettres, épiait