Cuando el lector se sumerge en la lectura de historias migrantes sabe de antemano que algo del orden de lo impredecible estará escrito. Es que la vida del que deja su tierra para instalarse en otra, muchas veces desconocida, está plagada de vaivenes y conflictos que dejan una huella en su propia identidad. El migrante inicia su viaje con una mochila cargada con dosis de añoranza, incertidumbre y esperanza. El libro de Sylvia Molloy Vivir
Literatura
Carta sobre los ciegos para uso de los que ven (Alfaguara, 2017) es el nuevo libro de uno de los autores más prolíficos e inclasificables de la narrativa latinoamericana contemporánea. Para una pareja de hermanos ciegos y sordos, el sexo y la palabra escrita se vuelven las únicas vías de contacto entre sí y con su entorno: un edificio sórdido poblado por enfermos mentales y emboscado por perros salvajes. Un curioso mecanismo de escritura que
Durante los últimos años el mercado editorial ha mostrado una gran cantidad y variedad de autobiografías: desde novedades hasta reediciones o versiones actualizadas. El género autobiográfico parece haber ganado peso propio gracias a la fuerza de las historias y a la creatividad de la escritura para estimular las lecturas. En esta categoría, merece una mención especial Karl Ove Knausgård quien en 2009 emprendió un ambicioso y arriesgado proyecto literario: su obra autobiográfica Mi lucha compuesta
“Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo”. El amenazado, Jorge Luis Borges. Inés Garland tenía once años cuando escribió su primer cuento: una historia de amor imposible entre una princesa de papel y un soldado tijera, que la corta en pedacitos hasta que ella se convierte en un bollito. Ese parece ser el primer recuerdo que
I Vive en una gran ciudad. Escribió su primera novela en un año y nueve meses. El cómo logró transitar el proceso de escritura y trabajo es un misterio –en parte- hasta para Leila Sucari. Podría haber partido de su experiencia de niñez en el campo. Conocer demasiado el terreno metiendo las patas en el barro. Luego, partiendo de lo propio, lo podría haber deformado apelando a su imaginación. Podría haber sido un sueño: un feto difuso que se esforzaba
Ratificar lo iniciado dando un paso hacia delante. Ese fue el desafío que afrontó Félix Bruzzone (Buenos Aires, 1976) con Los Topos. Luego de su iniciático libro de cuentos 76, Los Topos es su primera novela que gira en torno a convivir y sobrellevar las ausencias. Éstas tienen la particularidad de estar ligadas a las desapariciones que provocó la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). En marzo del 76 desapareció su padre, en agosto nació el
El 19 de febrero de este año se cumplieron cien años del nacimiento de la escritora estadounidense Carson McCullers, y el 29 de septiembre, cincuenta de su muerte. Números redondos que invitan a volver a visitar la vida y obra de una de las narradoras más fascinantes del siglo XX. En 1934, cuando tenía 17 años, Carson McCullers viajó desde Columbus, Georgia, a Nueva York para estudiar en la prestigiosa escuela de música Juilliard. Su
“Hay un mundo para todo nacer (…) nacer y no hallarlo es imposible”, Macedonio Fernández. “El diario, “género psicótico”, negación de la realidad, puente levadizo y tabla de salvación”, Ricardo Piglia. ¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor?, apunta Ricardo Piglia en las primeras páginas de Los diarios de Emilio Renzi, Años de Formación (Anagrama, 2015). A partir de ese interrogante, surgen otras múltiples preguntas entre la lectura de éste y
Los cronistas más reconocidos de Hispanoamérica de los últimos años son entrevistados por Juan Cruz en Literatura que cuenta (Adriana Hidalgo, 2016). Con el Nobel de Literatura de 2015 concedido a Svetlana Aleksiévich se ratificó la importancia que el periodismo narrativo ha tomado en los últimos años; la no ficción como mecanismo para contar el mundo, sin prisa, usando las herramientas de la literatura. Juan Cruz Ruiz (Tenerife, España, 1948), director adjunto de El País
“A la mañana siguiente tuve que admitir que era cierto. El caballo estaba ahí. Asomaba parte del torso y las dos patas delanteras, flexionadas, se apoyaban firmes sobre el piso. Cuando lo regué por primera vez, relinchó. Ahí, no sé, fue como una epifanía. Agarré el teléfono con ambas manos, cerré los ojos y marqué. Cuando escuché el primer tono sentí un frío que me bajó por la nuca y me entumeció el cuerpo. Contuve









