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Ilustración

Marcel Proust

‘En busca del tiempo perdido’, de Marcel Proust

 ILUSTRACIÓN: En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Por Patricia Gutiérrez. (…) Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tilo, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa), cuando iba a darle los buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me había

Clarice Lispector

Clarice Lispector: ‘La gallina’

 ILUSTRACIÓN: ‘La gallina’, de Clarice Lispector. Por Patricia Gutiérrez.   Era una gallina de domingo. Todavía vivía porque no pasaba de las nueve de la mañana. Parecía calma. Desde el sábado se había encogido en un rincón de la cocina. No miraba a nadie, nadie la miraba a ella. Aun cuando la eligieron, palpando su intimidad con indiferencia, no supieron decir si era gorda o flaca. Nunca se adivinaría en ella un anhelo. Por eso

Enrique Vila-Matas

«Kassel no invita a la lógica», de Enrique Vila-Matas

 ILUSTRACIÓN: Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas. Por Patricia Gutiérrez.   […] Nunca fui de los que fueran las que fueran las circunstancias, daba media vuelta si algo no le gustaba y apretaba a correr; siempre he sabido que sólo hay un único campo de batalla sin escapatoria. Digo esto porque, nada más entrar en el Dschingis Khan vi la rancia mesa redonda y no podía casi ni creerlo: al fondo del

Siri Hustvedt

«El mundo deslumbrante», de Siri Hustvedt

 ILUSTRACIÓN: El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt. Por Patricia Gutiérrez.   […] Caras. La cara. Punto de identificación. Lo que el mundo ve. Mi vieja cara. ¿Qué ha pasado hoy en el estudio, Harry? Medítalo. Harry, estabas preocupada. Estabas ansiosa. Di la verdad. Cuando desenvolviste las máscaras estabas un poco asustada, ¿no es así? Pero ¿por qué? Porque no estabas segura de que él fuese a jugar. ¿Era eso? Pero cuando él las vio, tu

Jaime Gil de Biedma

«Las personas del verbo», de Jaime Gil de Biedma

  Contra Jaime Gil de Biedma De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más negro que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colmena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras

Sartre

«Huis Clos», de Jean-Paul Sartre

ILUSTRACIÓN: Huis Clos, de Jean-Paul Sartre. Por Patricia Gutiérrez.    [Fragmento]   ESCENA PRIMERA    GARCIN y el MOZO DEL PISO GARCIN.—(Entra y mira a su alrededor.) Es aquí, ¿no? MOZO.—Sí, aquí es. GARCIN.—¿Una habitación así? MOZO.—Sí, una habitación así. GARCIN.—Bueno, a la larga…, a la larga probablemente se acostumbrará uno a los muebles. MOZO.—Eso depende de las personas. GARCIN.—¿Todas las habitaciones son por el estilo? MOZO.—No, imagínese… Aquí nos vienen chinos, indios… ¿Qué quiere usted que hagan con

Alejandra Pizarnik

«Árbol de Diana», de Alejandra Pizarnik

ILUSTRACIÓN: Árbol de Diana, de Alejandra Pizarnik. Por Patricia Gutiérrez.   […] 20 dice que no sabe del miedo de la muerte del amor dice que tiene miedo de la muerte del amor dice que el amor es muerte es miedo dice que la muerte es miedo es amor dice que no sabe                   a Laure Bataillon 21 he nacido tanto y doblemente sufrido en la memoria de aquí y de allá 22 en la

Truman Capote

«A sangre fría», de Truman Capote

 ILUSTRACIÓN:A sangre fría, de Truman Capote. Por Patricia Gutiérrez.   [Fragmento]  …Al poco rato, la casa empezó a llenarse de gente. Llegaron ambulancias, y el coroner, y el pastor metodista, un fotógrafo de la policía, policías del estado, periodistas de la radio y de la prensa. Dios, montones de gente. A la mayoría les habían avisado en la iglesia y actuaban como si aún estuviesen en ella. Con voz muy callada. Susurrante. Era como si

puigintro

«El beso de la mujer araña», de Manuel Puig

 ILUSTRACIÓN: El beso de la mujer araña, de Manuel Puig. Por Patricia Gutiérrez. [Fragmento] —Buen día… —Buen día… Valentín. —¿Dormiste bien? —Sí… —… —¿Y vos, Valentín? —¿Qué? —Si dormiste bien… —Sí, gracias… —… —Ya oí hace un rato pasar el mate, ¿vos no querés, verdad? —No… No le tengo confianza. —… —¿Qué querés de desayuno?, ¿té o café? —¿Vos qué vas a tomar, Molinita? —Yo, té. Pero si querés café es el mismo trabajo. O

Juan Carlos Onetti, por Patricia Gutiérrez

Juan Carlos Onetti, por Patricia Gutiérrez

ILUSTRACIÓN: Juan Carlos Onetti, por Patricia Gutiérrez.   [Los adioses. Fragmento] Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara —sobre un fondo de alpargatas, el almanaque,