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María Alcantarilla: “Mi palabra preferida es afinidad”

  • ¿Cuál es tu libro pendiente/postergado más vergonzoso?

Seguramente la Biblia. No por creyente, ni mucho menos por practicante. Más bien por entender a toda esa gente que consagra su existencia a un solo personaje y que tantas horas tuve frente a mí durante la infancia.

  • ¿Cuál es tu T.O.C. en la vida cotidiana? ¿y tú T.O.C. como escritora?

Intentaba hacer una síntesis donde cupiesen todos. Pero no puedo. En la vida cotidiana, hacer siempre varias cosas a un mismo tiempo. No me permito pensar estando quieta. Como escritora, la necesidad de que todo alrededor esté descuidadamente ordenado al milímetro.

  • ¿Alguna vez robaste un libro? ¿Cuál, dónde y por qué?

Varios de ellos. “Helada”, de Bernhard, por ejemplo. Su dueño sabrá entender que hay actos necesarios que nos salvan.

  • ¿Cuál fue el último libro que no pudiste terminar de leer y por qué?

Creo que la razón por la que he dejado a medias ciertos libros tiene más que ver conmigo que con ellos. No podemos empeñarnos en leer lo que el cuerpo no asume. “Tierra madre”, de Theroux, podría ser un ejemplo de este último tiempo.

  • ¿Qué premio no estarías orgullosa de recibir?

El premio a la complacencia.

  • ¿Cuál fue la primera palabra que pronunciaste?

Tardé en nacer. Tardé en hablar y en andar. Mi primera palabra fue “pan”. Eso dice mi madre.

  • ¿Cuál es tu palabra preferida? ¿Y la más odiada?

Mi palabra preferida es afinidad. La que más odio es prometo.

  • ¿De qué título te hubiese gustado ser autora?

Cualquiera de Lispector. “La manzana en la oscuridad”, quizá.

  • ¿Cuál es el libro que más has subrayado?

Subrayo todo lo que leo y me conmueve. Creo que es otra manera de dotar al libro de sentido. “El museo de la rendición incondicional”, de Ugrešić.

  • ¿Recuerdas dónde y en qué época leíste ese libro?

Lo recuerdo perfectamente. Fue en la sierra. En una época de cambio, de esas que te llevan y no te dejan verte hasta que pareces alguien diferente. Hace unos años.

  • ¿Qué frase recuerdas haber subrayado y que haya quedado grabada en tu cabeza?

“No puedo aprender una lengua extranjera, yo soy poeta, yo tengo que quedarme en la prisión de lo propio”.

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