Pablo Martín Sánchez

Pablo Martín Sánchez: “La situación en España está tan al límite que la violencia puede surgir en cualquier momento”

Pablo Martín Sánchez (Segunda Parte)
Por Violeta Serrano

PMS nos habla de las técnicas que usa para crear novelas monumentales sin perder el aliento. También de su coqueteo con el anarquismo, su visión de la política en España, y hasta de un alocado proyecto literario que recién verá la luz en el 2026. Se trata de un experimento inspirado en su Dios, Georges Perec, para ver cómo va evolucionando su escritura y se va degradando físicamente. “De manera que al cabo de 24 años tendré 144 fotos y 288 textos, o 144 textos binarios, con doce años de diferencia de escritura entre uno y otro, si sigo vivo, claro”.

Pablo Martín Sánchez

En tu proceso de escritura ¿tiene que ver tu formación como investigador académico?

Bueno, no es tan evidente.

¿No? Te documentaste muchísimo para escribir El anarquista que se llamaba como yo.

Sí, sí, lo que no sé es qué fue antes, si el huevo o la gallina. Pero sí, para mí el trabajo de investigación para cualquier libro me parece fundamental. Yo antes de ponerme a escribir, me pongo a leer y a pensar y a buscar, tanto en libros como haciendo trabajo de campo, que también me parece fundamental. ¡Pero en los cuentos de Fricciones yo también hacía ese trabajo! Por ejemplo, para escribir el cuento ‘Accidente’, yo me fui a la comisaría de policía haciéndome pasar por un estudiante porque quería saber cómo funcionaban los mecanismos de acción cuando ocurría un accidente. Esas cosas te dan el detalle, que luego te da una frase, luego un párrafo y que al final puede acabar dándote todo un personaje.

Escribiendo una novela de una extensión que más parece del siglo XIX que de la actualidad, con casi seiscientas páginas, ¿no flaqueaste nunca durante el proceso de escritura?

La pregunta no es si no flaqueaste nunca, sino ¿no flaqueaste siempre? (ríe). Sí, claro, hubo épocas. Yo la pude escribir porque había pedido un préstamo, de hecho, debo 21.000 euros de préstamo que yo pedí para hacer un máster, y en vez de hacerlo solo, también escribí la novela. En todo caso tuve la posibilidad de tener meses enteros en los que sólo me dedicaba a escribir la novela y así hacía mi jornada laboral de cuarenta horas: cuatro horas por la mañana, cuatro por la tarde,  y así de lunes a viernes. Y claro, entonces a veces llegaba un jueves a las nueve de la noche, acababas de escribir, te ponías a cenar y decías: “¿qué he hecho hoy durante todo el día? Estar sentado delante del ordenador para escribir dos páginas o tres o una, -si no me había ido muy bien-, y llevo así una semana, un mes…” Y además sin tener editor, siendo un autor inédito, sin saber bien adónde vas. Porque bueno, me imagino que Isabel Allende, por ejemplo, sabe ya cuando escribe cómo va a ir la cosa. Entonces claro, sí, hubo muchos momentos de bajón, de decir, ¿esto va a ir a algún lado? Ahí me aferraba precisamente a las constricciones, al mapa. De hecho, yo no escribí la novela linealmente. Pero sí sabía cuántos capítulos había en cada parte, etc. Y entonces cuando llevaba ya tres años y las fuerzas flaqueaban, me consolaba pensando que estaba haciendo un puzzle, que ya lo único que me faltaba era rellenar los huecos que me quedaban.

¿Cómo eliges los detalles para redondear a los personajes y cómo se relaciona eso con tu vinculación con la Patafísica?

Como me pongo reglas y constricciones, a veces los detalles vienen marcados por ese propio sistema. Por ejemplo, me gusta mucho cuando escribo que, aunque esté en una historia del siglo XIX o del XX, en el libro aparezcan cosas de mi vida actual. Yo me ponía por ejemplo la regla de que en cada capítulo tenía que aparecer algo que me hubiese ocurrido a mí durante la redacción de tal capítulo. Esta es una regla copiada literalmente de lo que hace Perec en La vida: instrucciones de uso. Así por ejemplo, en mi novela hay un capítulo en el que el personaje se deja crecer la barba y es porque yo, durante la redacción de ese capítulo, me dejé crecer la barba. O hay por ejemplo otro capítulo en el que la protagonista se hace una cola de caballo en el pelo, bueno pues es porque yo un día volviendo a casa vi a una chica en el metro con una cola de caballo y dije, mira, ésta podría ser Ángela.

Volviendo al teatro, yo tenía un profesor que nos decía siempre “no actuéis nunca en general, actuad concreto”, es decir, tú no puedes actuar “el amor”. Romeo cuando está actuando la escena del balcón no puede estar pensando “te quiero, estoy enamorado de ti” porque a lo mejor, simplemente, se lleva muy mal con la actriz que hace de Julieta. Pero sí podrá estar actuando desde el detalle, pensando por ejemplo, ¡hostia, que tengo  las uñas sucias!, ¡mierda, que no me las vea! Eso es actuar concreto y esos son los detalles que creo que en literatura también funcionan.

¿Compartiste alguna vez el ideario anarquista, tal vez en tu juventud?

Coqueteé con él, sí. Yo en aquella época sí que tenía mucha relación con movimientos de Insumisión. Estamos hablando de los años 90 y en Reus estaba el Ateneo Libertario, que publicaba una revista que se llamaba “La letra A”.  Y yo con 17, 18 años me interesé mucho por todo eso y leí bastantes libros sobre anarquismo, sobre insumisión, sobre pacifismo, etc. Y luego cuando me fui a vivir a Barcelona les doné todos mis libros a los del Ateneo Libertario. Entonces sí que yo tenía cierto interés por la cuestión, sí. Luego con los años he ido acercándome, alejándome, acercándome, alejándome… pero nunca ha dejado de interesarme. Creo que aquí en España la ideología anarquista está en movimientos actuales como el 15-M. Yo creo que hay un resto ahí de influencia ácrata importante.

¿Sí?

Sí, sí, sí, yo creo que sí. Pero no sólo en ese movimiento, también en agrupaciones de barrio, en todo el movimiento okupa de Barcelona, que siempre ha sido muy importante y que yo creo que bebe mucho del anarquismo. Hay por ejemplo también una biblioteca en Barcelona que está especializada en libros sobre el anarquismo.

Pablo Martín Sánchez

 

En tu novela haces una diferencia, que realmente había en aquella época, sobre los anarquistas de papel y los de pistola en mano. Hoy en día, ¿sólo habría anarquistas de papel?

En principio parece que los movimientos libertarios van más hacia un anarquismo “pacifista”, sin embargo, en los últimos tiempos sí que ha habido intentos de otra cosa. Por ejemplo, poco después de que saliera mi novela, hubo un primer intento en la Catedral de La Almudena de Madrid de un grupo anarquista que se reivindicaba como tal con el nombre ‘Grupo insurreccionalista Mateo Morral’, también en el Pilar de Zaragoza, etc. No sé, yo sí que creo que la situación en España está tan al límite que la violencia puede surgir en cualquier momento. Pero la violencia no tiene porqué venir siempre del mismo lado. O sea, la violencia ya está instalada si estamos matando a quince subsaharianos que intentan entrar por Melilla. La respuesta a la violencia suele ser la violencia. En todo caso creo que sí ha evolucionado el pensamiento ácrata y ya no se asesina con tanta facilidad dentro de esos movimientos.

Por otro lado, también se habla mucho del anarquismo tildándolo de violento pero, por ejemplo, el nacionalismo, lo ha sido mucho más en líneas generales. Y así han ido evolucionando los Estados. Sin embargo cuando ves que en Quebec se puede hacer una votación por la independencia, se puede llegar a producir una secesión. O lo que puede ser que ahora ocurra en Catalunya. O en Escocia. Ahí te das cuenta de que hay un cambio de paradigma, de que lo que intentó ETA durante muchos años sin conseguirlo, a lo mejor se puede conseguir de otra manera. Y claro, también depende de cuál sea la violencia institucionalizada que te encuentre en frente.

¿Pero en el caso de que se consiga la Independencia de Catalunya, será realmente un cambio de paradigma?

Lo será por la manera de conseguirlo. Independiente o no, Catalunya va a tener los mismos problemas que tiene ahora. Va a seguir habiendo corrupción, etc. Yo me refería más al proceso y no tanto al resultado. Si procesos así, como los nacionalistas, siempre han necesitado de la violencia y empezamos a constatar que hay algunas maneras diferentes de conseguirlo a lo mejor eso nos lleva a pensar que se puede evolucionar de otra forma no violenta. En todo caso, la Historia es un poco como la contemos. Cuando los libros de Historia se centran en guerras, en reyes, en magnicidios, etc., parece que esa es la única forma de evolución, pero hay otra manera de enseñar la Historia y es desde la paz, desde los procesos de paz. A veces, cambiando la manera de enseñar la Historia se puede llegar a crear una cultura de paz, que es lo que falta. Si intentamos pensar que se pueden conseguir las cosas sin violencia, a lo mejor lo acabamos consiguiendo. El problema es que el poder genera violencia, porque el poder es siempre una relación de sometimiento. Hay alguien que manda y alguien que obedece y eso, evidentemente, es violencia en sí. Por eso el anarquismo lo que plantea precisamente es la desaparición del poder. Bueno, es todo muy complicado, mejor dedicarse sólo a la literatura (ríe).

 

Pablo Martín Sánchez

 

Leí que estabas trabajando en un proyecto que mezclaba texto e imagen y que hasta el 2026 no podría salir… ¿de qué se trata?

Bueno, va a salir, si sale. Es un proyecto, como siempre, inspirado en Dios, es decir, en Perec. Mira (busca entre las cosas de su despacho una caja), puedes ver aquí una caja llena de sobres ¿los ves?

Sí.

Este es un trabajo de doce años. El mes que viene acabo la primera fase del proyecto que es… (y guarda la caja).

Espera, que le quiero hacer una foto a la pantalla (no olvidemos que esta entrevista se realiza vía Skype).

¡NO!, ¡NO SE PUEDE VER!

(Tras sonoras carcajadas de lata, seguimos) Vale, vale, vuelve al eje, tranquilo, no he hecho foto.

Sí, eh… Yo empecé el día que cumplí 25 años. Es un proyecto muy autobiográfico y, por tanto, narcisista también. El día que yo cumplí 25 años hice doce fotos de mí mismo, o de cosas que estaban a mi alrededor pero intentando siempre que saliese alguna parte de mí por ahí porque a mí lo que me interesaba era ver la evolución física del personaje. Ahora cada año me hago doce fotos y voy escribiendo un texto por cada foto, mes a mes. Entonces, al terminar cada mes, yo meto la foto escrita en un sobre, lo cierro, lo lacro, y en otro, al lado, meto el texto correspondiente y lo lacro también. Entonces cuando ha acabado el año, tengo doce fotos con doce textos y así año a año. De manera que, al cabo de doce años, tendré 144 fotos en sobres y 144 textos que suelen ser de una, dos o tres páginas, no más. Entonces, a partir del mes que viene, tengo que empezar a abrir los sobres, de uno en uno, también mes a mes, de manera que siempre que abra un sobre -yo empezaré por el sobre número-, siempre habrá doce años de diferencia entre los textos. A partir de la apertura de ese sobre, tendré un mes para escribir un segundo texto sobre esa misma foto número 1, pero sin haber leído su primer texto correspondiente. De manera que al cabo de 24 años tendré 144 fotos y 288 textos, o 144 textos binarios, con doce años de diferencia de escritura entre uno y otro. Bueno, era un proyecto a largo plazo para ver cómo iba evolucionando mi escritura, cómo iba degradándome físicamente y también para obligarme a escribir por lo menos todos los meses un texto. Y bueno, ese es “EL PROYECTO”.

Ah… estás loco, ¿lo sabes, no?

(Vuelve la risa). Hubo un momento en el que estuve a punto de dejarlo. El cuarto año o así. Superé ese bache y desde entonces, hasta ahora. También dudé en si dejarlo aquí, a los doce años. Pero no, intentaré completarlo, si sigo vivo hasta el 2026, claro. Lo que ocurre también es que son textos y fotos muy personales. En algunas aparezco desnudo.

¡Pues publícalo póstumo! ¿a ti qué te importa?

Ja, ja, ja. Sí, es una opción. En realidad, la idea inicial no era para ser publicado, pero bueno. En realidad la idea es de Perec. Él lo hacía con lugares de París: eligió doce lugares de la ciudad sobre los que escribía dos textos al mes, cada uno sobre un lugar distinto. Uno de los textos lo escribía yendo al lugar y el otro fuera del lugar, recordándolo. Pero creo que en séptimo año lo dejó, o sea, que no completó el proyecto, entonces yo quiero hacerle justicia (y sonríe).

FOTOGRAFÍAS: Magdalena Siedlecki

FOTOGRAFÍAS: Pere Rovira

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