Thomas Pynchon

La banda de sonido de Pynchon

 Sobre Vicio propio, de Thomas Pynchon
Por Silvina Synaj

Thomas Pynchon

Fuente: signature-reads.com

En la última novela del autor norteamericano se mencionan más de cuarenta canciones. La letra de los temas conecta la trama del relato y el compilado le da marco a la narración ambientada en los años del fin del movimiento hippie. Se plantea así, un pacto que excede la vivencia literaria porque la música es también uno de los protagonistas.

 

Cuando comencé a perseguir a Thomas Pynchon sus libros no se conseguían en la Argentina. Toda persona conocida que visitaba otro país de habla hispana, recibía mi encargo para conseguir un título específico. El ejemplar de Inherent Vice (traducido al español como Vicio propio) me llegó dentro de un equipaje prestado, vía México.

Ya con el libro en la mano, quise adivinar los ojos de un escritor que se me hacía enigmático. Pero su foto no estaba en la solapa del libro. Ni en el interior, ni en la contratapa. Simplemente, no había imagen. Imposible localizar en su mirada algún rastro de la literatura que prometía. Traté de recordar en manos de quién había visto uno de sus libros por primera vez. Viajaba en un colectivo y en aquel momento pensé que si alguien se tomaba el trabajo de llevarlo en su viaje cotidiano era porque la historia valía la pena. Y el resto de lo que ese novelista hubiera escrito, por propiedad transitiva y por la fe del creyente, también.

Thomas Ruggles Pynchon nació en Nueva York, en 1937, y se lo acusa de aquello que contribuye a volverlo interesante. De ser extenso, no lineal, de multiplicar espacios y personajes bordando una trama de numerosos niveles, de sembrar referencias de época en un formato desordenado; en resumen: de exigir un esfuerzo por parte del lector ―sin intersticios para la apatía― y de embadurnarse con la lucidez de lo ilógico.

Otro de los cargos que le reclama la curiosidad pública es su decisión de mantenerse alejado de los medios ―no da entrevistas, no realiza apariciones, ni se publican sus fotografías―. Tuvo una participación en la serie animada Los Simpson, como celebridad invitada en el episodio Diatribe of a Mad Housewife (Diatriba de una loca ama de casa), de la decimoquinta temporada. Prestó la voz para hacer de sí mismo y su personaje tenía una bolsa de papel con un signo de interrogación impreso cubriéndole el rostro, como un modo de preservar el anonimato del que hace gala.

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  Fuente: spoilertv.com

Hilo musical era el nombre del servicio de música ambiental surgido en la década del 60: veinticuatro horas de suaves melodías a disposición del usuario. En un principio fue creado para hoteles de categoría; luego comenzó a utilizarse en otros sitios, como ascensores, restaurantes, aeropuertos o consultorios médicos. Un sonido de grata compañía que transformaba cada espacio en un lugar confortable.

En el caso de Vicio Propio, la trastienda musical le da marco a las vivencias de Larry “Doc” Sportello, un detective privado que viste sandalias la mayoría del tiempo. Suele encontrarse bajo los efectos de algún tipo de substancia (fumada o inhalada) y tiene la actitud de un hippie empedernido que lleva su vida sin apuro. Sabe dónde puede haber problemas; aún así o, quizás por eso mismo, queda ubicado en el centro exacto de una trama que se complica de modo exponencial. Su ignorancia y participación en los hechos favorecen el despliegue de algo más grande que sus intentos por aclarar lo que se va oscureciendo. Doc parece despistado, pero en algún punto de la mirada perdida que lleva puesta, la secuencia de su razonamiento no se detiene. Actúa en sordina, por debajo de la línea argumental y es capaz de atar otros cabos. El relato, de tinte negro y paso cansino, se vuelve vertiginoso a medida que las piezas encajan por un lado y desencajan por el otro.

Gordita Beach es una localidad de la ciudad de Los Ángeles donde “algunas noches, con el viento apropiado, se puede oír el oleaje en toda la ciudad”. Allí vive Sportello. El panorama de la zona incluye bares de ambiente surfer, conflictos de planificación urbana, discriminación racial en variedad de facciones ―con representantes arios y un militante retirado del Partido de las Panteras Negras―, ecos de la revolución sexual de fines de los 60, policías corruptos, el toque excéntrico de un armario lleno de corbatas ―ilustradas con chicas al desnudo―, una corporación de dentistas y el tráfico de heroína a escala internacional. El sostén de ese cóctel ―parte alucinación, parte paranoia― es la banda de sonido. Algunos temas se interpretan en vivo y otros son tarareados por los personajes, en la presentación de un amplio repertorio.

La dicotomía entre el amor verdadero y el puro interés toma ritmo beatle en las notas iniciales de Can’t Buy Me Love, de 1964, silbadas por Doc Sportello.

―¿Qué parte del alquiler paga?― le preguntará a su ex-chica, que “lucía como juró que nunca luciría”, buscando el porcentaje que represente hasta qué punto llega su compromiso sentimental. Páginas más adelante, la radio del auto transmite un tema de la cantante española Rocío Durcal. Es la avanzada de una programación que da cabida a los gustos de la población latina, descendiente de la nueva inmigración.

Una banda en pleno ensayo “intentando aprenderse las notas correctas del tema musical del western de televisión The Big Valley (Valle de pasiones)” suma un tono de intriga al ambiente. Los resabios de las disputas familiares ocurridas en la hacienda Barkley, del valle central de California, sostenían el argumento de la serie emitida por la cadena ABC, entre los años 1965 y 1969.

Sportello canta una estrofa de Fly Me to the Moon, de 1954, más o menos entonado. La canción, que fue inmortalizada en la voz de Frank Sinatra, le brinda una buena excusa para abandonar la sala del juzgado federal donde es interrogado por un par de agentes del FBI.

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Fuente: diariodecultura.com

El patrón rítmico se construye como una espiral de acontecimientos ―en apariencia independientes― que se desarrollan en forma simultánea, hasta que la polifonía alcanza su máximo nivel. Doc se mueve con la cadencia de la música que lo acompaña. Aún cuando huele una emboscada, y su nivel de adrenalina sube varios decibeles, tiene unos segundos para subvocalizar algunos compases de The Great Pretender, de 1955, que le sirve de modelo para representar la aventura de un farsante.

Ya no me resisto. Escucho los temas, a medida que se mencionan como una arista más de los personajes, ineludibles para el lugar y la circunstancia en la que cada uno de ellos se encuentra. Conducir por la ruta en un viaje alucinado o colarse en una experiencia de ácido que pretende ser lisérgica y reveladora llevan un nivel de intensidad acorde a las citas musicales.

Vicio Inherente es una figura del derecho marítimo. Se refiere al daño o deterioro de los bienes transportados en una embarcación, su avería o, incluso, su hundimiento. En este caso, se aplica a un barco de apariencia fantasmal, el Colmillo Dorado ―propiedad de una organización de dudosa legalidad―. También, al detonante interno de la época; porque la decepción estuvo en la cresta de la ola en el inicio de los años 70 y la paranoia social fue su reflejo, una reacción defensiva.

 

Oración por oración

El estadounidense Paul Thomas Anderson dirigió la película estrenada en 2014. Dos de sus anteriores largometrajes ―Boogie Nights y Magnolia― también estaban ambientados en la zona de California.

El guión de Vicio propio sigue al pie de la letra los párrafos de la historia original. La adaptación se hizo con esmero, transformando cada oración escrita en una línea de diálogo, para mantener la apariencia desgastada con la que se cuentan las andanzas de Doc, protagonizado por el actor Joaquin Phoenix. El film, de 148 minutos de duración, es la primera adaptación de una novela de este autor, pero no es la primera vez que Anderson trata de adaptar los textos de Pynchon. Hubo un intento anterior, con la novela Vineland, que no se concretó por las dificultades que implicaba trasladarla a una modalidad cinematográfica.
La banda de sonido presenta algunos ejecutantes adicionales. Jonny Greenwood, integrante del grupo de rock alternativo Radiohead y compositor de varias bandas sonoras (dos de ellas para películas anteriores del mismo director) es el responsable de recrear y mantener la atmósfera musical de la novela.

Más allá del gusto de cada uno y el bando elegido en la dicotomía literatura vs. cine, hay listados y discusiones interminables sobre las películas adaptadas que le hacen honor al libro original o pierden puntos en el camino.

El cine es un trabajo colectivo, donde varias voces se subordinan a la del director. El equipo de producción es quien colabora o participa, en mayor o en menor medida. En cambio, el escritor está solo ante el relato, acompañado por su alma ―en el mejor de los casos― y por su editor― en el tramo de la publicación―.

 

Coda

La práctica indicaría que un libro se lee (en voz alta o de modo interno). Eudora Welty, escritora estadounidense, también lo oye. La autora de cuentos y novelas ambientados en la zona del río Misisipi reflexiona sobre los procesos que intervienen en la experiencia de la lectura. “Desde la primera vez que me leyeron, y desde que empecé a leer por mí misma, jamás ha existido un solo renglón que no haya oído”. 

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Fuente: posmanbooks.com

La voz que lee (aún cuando quien lee sea uno mismo) resuena como el eco de una realidad. Cada historia es también un relato contado por esa voz interior que traduce las palabras escritas en una auténtica coyuntura. Lo mismo sucede con las canciones leídas: suenan en el aire. Aunque hay una diferencia de actitud, entre cantar en voz alta o hacerlo “para adentro”, lo que ocurre en ambos casos es que la música tiñe aquello que sucede en su presencia; en este caso, lo que se lee.

 La nostalgia por una época que se desvanece se cuela en el relato desde un principio. Pareciera que insistir en el verano que pasó es una tarea absurda; las coordenadas se han perdido y el sendero tiene una sola dirección. Tampoco es una opción válida el regreso a épocas más ingenuas, donde la ilusión de nuevos valores permitía creer en la posibilidad de otro mundo. Sin embargo, quién sabe qué podría ocurrir: el último tema del libro es God Only Knows, de 1966, interpretado por The Beach Boys, que aún hoy se puede escuchar en la radio.

 

Bonus track – Arte de tapa

La tapa del libro lleva una ilustración de Darshan Zenith (artista plástico de Maui, Hawai). Cadillac Hearse Cruiser es la obra: muestra un coche fúnebre fuera de uso, modelo original de 1959, con una generosa dosis de óxido y abolladuras de larga data. La puerta del conductor está abierta y el vehículo se encuentra estacionado bajo las luces de un local de playa que vende artículos para surfistas. Cae la tarde.
El artista nunca conoció personalmente al escritor. La solicitud le llegó por medio del editor del libro. La experiencia no incidió en el incremento de sus ventas pero sí le trajo cierto prestigio y el pedido de algunos fanáticos, que deseaban adquirir un ejemplar de la lámina en cuestión.

 

La comunidad

Aún si la lectura es individual, hay compañeros de ruta y desconcierto para transitar el argumento que propone Pynchon ―en ésta y en otras de sus novelas―. Una considerable cantidad de foros, reflexiones en blogs o comentarios de Twitter, brindan la posibilidad de prolongar la vivencia de lo leído y aclarar interpretaciones o dudas. En la red existe una amplia variedad de recursos: desde un glosario exhaustivo de los personajes y sus motivaciones, hasta instrucciones para celebrar el día de Thomas Pynchon y guías alternativas para recorrer la ciudad de Los Ángeles.

  

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Título: Vicio propio

Autor: Thomas Pynchon

Páginas: 422

Editorial: Tusquets

ISBN:  9789876700313 

 

 

 

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