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Expedición a los baños de Italia

«Vivir,  cagar, beber y fumar deberían ser el pan de cada día de todos los poetas.»

Charles Bukowski

 

Del baño papal al bidet del sur

Son casi las dos de la tarde. La Plaza de San Pedro empieza a vaciarse. La misa ha terminado. Los casi 300 000 feligreses provenientes de todo el mundo se dirigen ahora a comprar postales con el rostro en holograma del papa Francesco; otros se pierden en mapas de Roma que al desdoblarse resultan más grandes que sus cabezas y un grupo de otros miles hace fila para entrar a un lugar no menos divino: el baño.

Azulejos gris Oxford. Lavabos blanco hospital con tres grifos color plata que señalan agua fría, caliente y jabón en al menos cinco idiomas. Una luz lechosa invade el lugar. El baño del Señor es todo menos celestial y en cambio, se inclina más por lo moderno. Muros que hacen juego con el pavimento. Papel higiénico emitido en pequeñas dosis por sofisticadas máquinas y un extraño perfume que se encuentra indeciso entre el pino y la menta.

Francesco, el papa argentino adorado por muchos, odiado por tantos otros, propuso hace aproximadamente dos años que los baños fueran utilizados como espacios en que los “peregrinos sin techo” pudieran ducharse, afeitarse y cortarse el pelo. Lo que hoy pareciera el set de una película del neorrealismo italiano, se convierte entre semana en un espacio de limpieza y hospitalidad para los más necesitados, excepto los miércoles y los domingos que se celebra la misa. No obstante, aunque la caridad del Vaticano fuera a todas luces lógica, los medios no se fían y se preguntan ¿Por qué? “El proyecto es necesario porque frecuentemente se rechaza a los indigentes por razones de falta de higiene”, responde el encargado de limosnas, monseñor Konrad Krajewski.

La apariencia de los fieles más allá de la higiene no es una preocupación exclusiva de la iglesia católica sino de los mismos católicos: “Y es que luego la imagen que dan esos pobrecitos a un lugar tan bonito, pues.. ni la dejan disfrutar a una”, se escucha a una mujer de acento peruano mientras pasa, a otra, un pedazo de papel higiénico por debajo de la puerta.

El cuarto de baño y lo que se hace en él ha sido motivo de enfrentamiento no sólo entre los más devotos o, al menos, los que aparentan serlo. También los italianos del norte y los italianos del sur han manifestado su histórica enemistad respecto a un espacio que en efecto, atañe a todos.

baños Italia

En octubre de 2012, los periodistas Massimo Gramellini, originario de la ciudad de Turín y Roberto Saviano, proveniente de Caserta, discutirían acaloradamente llegando incluso a intercambiar insultos racistas. El motivo no era la Camorra en Nápoles, tampoco el partido Napoli-Juventus durante la serie A. La rivalidad nacería de un argumento no menos importante: el bidet.

Muchas e importantes invenciones se atribuyen a la ciudad de Nápoles: la pizza, el primer observador astronómico, la iluminación a gas de las calles. Existe un debate sobre si la ciudad partenopea fue creadora también de este “extraño objeto en forma de guitarra” como lo describieran los Savoia después de la unificación de Italia. Sin embargo, diversas fuentes históricas indican que son los franceses los que en 1710 introdujeron el bidet. Su uso sería tan popular que llegarían a instalarse más de 100 en el Palacio de Versalles. En Italia, llegaría más tarde a través de la dinastía de los Borbones que gobernaría en el palacio de Caserta por 130 años.

Parafraseando la escatológica discusión entre Gramellini y el llamado gurú de la mafia, Saviano, en donde se afirmaba, entre otras cosas, que “los napolitanos se distinguen porque apestan”, el autor de Gomorra subrayó que mientras en Nápoles la gente ya se lavaba con el bidet, los del norte ni siquiera sabían de su existencia. “Pero vivían en la mierda”, responde de cualquier modo el piemontés y, el debate, sigue.

Etimológicamente, la palabra bidet quiere decir poni. La asociación se debe a que en el uso del éste se asume la misma posición que cuando se cabalga. Los videos en YouTube que muestran su uso con dibujos y/o personas son tantos como bidets hay en Italia. Algunos no pueden evitar reír durante su realización, otros se lo toman muy en serio, mostrando con habilidad y detalles libres de pudor la importancia de tal objeto.

En 1975, por decreto del Ministerio de la Salud, se establece que en Italia, como parte de las nuevas normas higiénico-sanitarias, el bidet es obligatorio en la instalación de un baño. En diversas encuestas respecto a las cosas que más extrañan los italianos cuando se encuentran fuera de Italia, se posicionan entre los tres primeros lugares el café, la mamma y, luego, claro, el bidet. Nadie menciona la misa en la Basílica de San Pedro.

 ¿Qué diría Galieo Galilei?

 El matemático, físico y astrónomo italiano que revolucionaría la ciencia por decir que la Tierra giraba alrededor del Sol, nace en Pisa en el año de 1564 y se inscribe en la universidad de la misma ciudad en 1581. Tal afirmación le generó graves problemas con la iglesia católica. Actualmente, la Universidad de Pisa es una de las instituciones italianas de mayor prestigio y con uno de los doctorados en ciencias políticas y sociales más competidos. Cada año, cientos de personas se disputan la posibilidad de tener uno de los pocos lugares con beca que ofrece. Los que logran ser aceptados contarán con fondos universitarios para realizar su investigación, acceso a la red de bibliotecas italianas y una aula estudio con internet para trabajar libremente. El único beneficio que definitivamente no tendrán será el de tener un baño.

PisaLos baños de la facultad de ciencias políticas de la universidad de Pisa son como casi todos los baños universitarios: decorados con frases indelebles que claman anarquía o que confiesan deseo sexual por una tal Giulia; letrinas con problemas de agua, botes que se desbordan de papel de todos los colores, olores improbables y manchas de formas insospechadas. La puerta no cierra bien y a veces no hay papel. El olor es tan ácido que hace que los ojos lagrimeen y sólo a veces se corre con la suerte de encontrar a lado del excusado, uno de esos spray que prometen una “fantasía de lavanda”. Se presiona con fuerza la válvula del atomizador y la experiencia se queda en mera fantasía sin llegar jamás a la evocación de las perfumadas flores. Hay que salir de ahí y continuar pensando en Marx, migración y cultura mientras la imagen de aquel baño está aún en la mente, en los ojos, la ropa, en todas partes.

El año pasado, varias generaciones de doctorandos se organizaron para tener una llave del baño del tercer piso, justo a lado del aula de trabajo y así compartir un espacio inmaculado y pulcro con profesores, investigadores y funcionarios de la academia. La victoria se obtuvo, pero el placer de acceder a tal espacio, duró poco. Los administrativos se quejaron. El problema no era que los doctorandos fueran sucios o que la llave se hubiera perdido; el problema recaía en el hecho de que “no era justo”. “Ustedes piensan que por tener un doctorado ya son más que nosotros y no… hay jerarquías”, éstas fueron las últimas palabras de Adele, la conserje de la universidad que al parecer, cuenta con más poder que el rector mismo.

Los doctorandos tuvieron que volver al baño que corresponde al nivel más bajo de la jerarquía: el de los estudiantes. Aquel baño perfectamente lavado, con jabón, ventilación, papel y agua, es algo por lo que tendrán que esperar hasta que sus publicaciones, congresos, experiencia docente y reconocimientos se conviertan en un prometedor contrato universitario. Por unos meses, como el mismísimo Galileo Galilei, fuero perseguidos por un conserje para quitarles algo más preciado que la llave de San Pedro: la llave del baño.

Entre el aperitivo y el laboratorio artesanal

El aperitivo nace en Turín en 1786. Hace más de 200 años, los italianos vieron la necesidad de establecer un ritual que les permitiera beber y comer informalmente antes de preparar la cena. “Hacer el aperitivo”, es el equivalente a una cerveza fría después de una larga jornada de trabajo. Pero, en Italia, la uva es más popular que la cebada, y el resultado es que se encuentran excelentes vinos y sofisticados cocteles con prosecco y Campari a precios de cerveza. Pronto la costumbre se extendería en toda Italia, y un Spritz, Americano o Negroni, se acompañarían de un buffet para abrir boca.

Los bares que ofrecían el aperitivo se volvieron punto de reunión e intercambio en varios momentos de la historia de Italia. En la mañana, el bar era un lugar para tomar un espresso con cornetto y por la tarde, apenas llegadas las seis, se convertía en un lugar donde por poco dinero se podía tomar una copa de buen Chianti acompañado de una tabla de pecorino romano. Tanto el pastor que trabajaba en el campo como el universitario que salía de clases, podían disfrutar del aperitivo por poco dinero.

Los bares entregados a este ritual se fueron diversificando en precios, estilos, zonas e incluso inclinaciones políticas; no así sus baños. Se esperaría que el baño de un lugar decorado con cuadros del cine clásico italiano, azulejos rojo cereza sobre paredes azul Klein y botellas de vino que penden como lámparas tendría al menos que estar limpio. Se descubre, en cambio, que en el mismo local donde el tarro de cerveza artesanal cuesta 14 euros, el baño es de un color blanco que más bien tira a gris, el papel se encuentra recostado en el piso un poco mojado y que, ahí mismo, se encuentran la escoba, el recogedor y otros productos de limpieza.

baños Italia

Hay casos aún peores, en donde el lugar se presenta a sí mismo como “laboratorio artesanal donde se venden comida y bebidas”; es decir, un restaurant con otro nombre y que no está obligado en consecuencia a cumplir con las normas de un restaurant, entre las que se encuentra. por ejemplo, el contar con un baño para clientes.

Grupos de amigos llegan para comprar un panino y una, dos, tres, cinco cervezas… los precios son bajos, no hay donde sentarse y pareciera no importar hasta que alguien tiene que ir al baño. Bailando en un pie se acerca a la caja para preguntar por él. “No hay, somos un laboratorio artesanal”. Las caras muestran incredulidad ante lo que a todas luces parece un restaurante. –“Hasta en McDonald’s hay baño”- apunta uno. “Pues aquí no”, responde antipática la chica de la caja que no muestra la más mínima empatía por aquellos que manifiestan que “se mueren por hacer pipí”. Unos gritan, otros ruegan. No hay poder humano que convenza a esa mujer de expresión estoica. Ya cuando están por irse, el chico que lava los platos le dice a la chica más bonita del grupo que puede pasar al baño del personal, pero rápido. El baño del personal no es distinto al baño de aquellos lugares caros y pretenciosos que, aunque pongan un jabón con aceite de argán y un espejo con la frase: “Pleasure in the job puts perfection in the work.”, emanan un olor particular, similar al del baño de la Universidad de Pisa.

Ce n’est pas un baño

Hay quienes no creen que el baño público sea en verdad un baño. “No hay donde ducharse y no hay un bidet. Eso no es un baño”, dice Francesco, encargado del aseo de los baños en la Estación de trenes Termini en Roma. “Cómo se le puede llamar baño si ni siquiera hay agua o cadena para jalarle, donde jamás se ha visto un plomero darles un mínimo de mantenimiento. Un baño de tren, un baño en el cine donde la puerta no cierra bien, donde las paredes están llenas de frases obscenas. Le llaman baño y a veces se hace de todo menos ir al baño. Estos no son baños. No pueden serlo. Yo les llamaría toilette”. Francesco prefiere el francés al italiano y apenas dice la palabra toilette siente que toda la descripción que ha hecho de los baños en la estación está de algún modo justificada.

Una impresión en blanco y negro, pegada con diurex en una de las puertas del baño dentro el Coliseo anuncia: “Por cortesía, deje este lugar como quisiera encontrarlo cuando llegue”. Y de pronto, la limpieza de un baño depende sólo del usuario y no de cuánto es civil un pueblo. Lavabo, servicio, tocador, ducha, toilette o aseo tienen distintos significados según los sujetos y su contexto. Sin embargo, la política, la religión y la economía dejan ver sus fauces y se infiltran en la pequeña intimidad creada en ese espacio de 2 por 2.

One Comment
  1. Reply Claudia 14 junio, 2018 at 1:41 pm

    EXCELENTE !!!!

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