Ferreira Gullar

“El arte nace porque la vida no basta”

 Por José Ferrero

Poema Sucio, la obra más importante del artista brasileño Ferreira Gullar, fue finalmente traducida al castellano. El regreso pasó inadvertido pero fundó la posibilidad de recorrer un universo concreto y moderno que recrea la asfixia del exilio y  la agonía del amor y la muerte.

Ferreira Gullar
Foto: FACTIVEL.COM

turbio turbio

la turba

mano del soplo

contra el muro

oscuro

menos menos

menos que oscuro

menos que blando y duro menos que foso y muro: menos que agujero

oscuro

más que oscuro:

claro

¿como agua? ¿como pluma? claro más que claro claro: cosa alguna

y todo

(o casi)

un animal que el universo fabrica y viene soñando desde las entrañas

azul

era el gato

azul

era el gallo

azul

era el caballo

azul

tu culo

“Había pasado la noche pensando en que iba a escribir algo que reviera toda mi vida, todas las cosas que hice, e imaginé que lo podía vomitar. Iba a escribir un poema como si fuera una sucesión de palabras sin lógica, iba a crear un magma y de ese núcleo, iba a nacer la creación. Me acosté pensando en eso, no dormí mucho. Pero a la mañana no podía escribir nada de lo que había imaginado, ¿Cómo iba a vomitar todo un poema? Entonces arranqué de otra manera, usé palabras anteriores al habla, palabras como rumores, sin mucho sentido, para después llegar al poema. Así fue, así lo escribí”.

Ferreira Gullar contó la gestación de su libro más reconocido en el bar de un hotel de Buenos Aires. Era septiembre de 2008, afuera la primavera desentonaba con un excesivo calor; adentro, sus enormes manos acompañaban el relato de cómo y por qué concibió su Poema Sucio.

Treinta y un año después, otra vez Argentina, lugar que no visitaba desde marzo de 1977 cuando dejó el exilio político para regresar al Brasil a reencontrarse en su patria con la obra que desde 2009 Ediciones Corregidor publicó por primera vez en castellano junto a En el vértigo del día.

Pero su historia con las letras empezó mucho antes de ese poema. La historia empezó en São Luis do Maranhão, una población pequeña del nordeste brasileño donde Ferreira Gullar nació y estudió.

El descubrimiento de la poesía surgió a partir de la lectura de un libro de gramática que contenía una antología de poemas clásicos. Gullar se apasiona por ese hallazgo y toma la decisión de dedicarse al estudio de la literatura de forma autodidacta.

“En esos años yo escribía como los poetas de finales del siglo XIX, eran versos rimados y metrificados. Hasta un día que vi un cuadro en la tapa de una revista, era una obra moderna, adherí automáticamente a esa modernidad. Sin embargo, y es una cosa rara, cuando conocí la poesía moderna la rechacé”.

La risa lo saca de la anécdota, le sigue llamando la atención su rechazo y aclara, “traté de comprender eso que era tan nuevo en un lugar tan lejano, y leí mucho, al fin lo entendí, tanto que me convertí en un poeta moderno, radicalmente opuesto a lo que era. Pero no hay que pensar en vanguardia artística porque yo no conocía nada de eso, yo vivía en Macondo. Y así, empecé a buscar una poesía que cambiara los usos de la métrica y las reglas preestablecidas. Quería hacer una poesía sin normas”.

Gullar es tentado por unos amigos a mudarse a Río de Janeiro. En 1954 publica su segundo libro de poesía, La lucha corporal, obra que recibe gran reconocimiento de los principales círculos artísticos y sirve de influencia para el surgimiento de la poesía concreta.

En el inicio de los sesenta Gullar abandona su fase experimental y su trabajo adquiere el carácter de su militancia política. A partir del golpe de 1964 comienza a ser perseguido y se convierte en uno de los líderes de la resistencia cultural. Hacia finales de 1968 es encarcelado y posteriormente vive un año en la clandestinidad. Luego llegan seis de exilio entre Rusia, Chile, Perú y finalmente la Argentina.

“Vivía en Caballito, estaba en mi departamento cuando se me ocurrió el poema. En esa época sabía lo que me podía pasar. Mis amigos se iban del país, pero yo no tenía documento y mi pasaporte no servía”.

Ferreira Gullar
Foto: Marcelo Meirelles

Era el año 1975, la Argentina iba hacia su dictadura más cruel y Ferreira Gullar en un intento de recuperar todo lo que ya no tenía, decidió escribir Poema sucio, libro que para muchos críticos es el poema más importante de la literatura brasileña.  

“Lo escribí de mayo a octubre. Fue un intento de apropiación de todo lo que había perdido, estaba lejos de mi suelo y quería eso que no tenía, entonces escribí el poema. El arte nace porque la vida no basta”, asegura satisfecho.

Esa intención de recuperar su tierra se transforma en obra y esa obra llega de la mano de Vinicius al Brasil. Luego la publicación, el reconocimiento y el libro que lo había salvado en el exilio lo invita al regreso y la gloria. Es que cuando la obra fue publicada en el Brasil el éxito fue de tal magnitud que cuando el autor regresó los militares no pudieron encerrarlo.

Sin embargo, y por esas cosas extrañas que tiene la Argentina, debieron pasar 31 años para que el libro fuera traducido al castellano. “Lamentaba que mi poema no se pudiera leer en el lugar donde nació. Si hubiera estado en otra ciudad no hubiera escrito lo que  escribí”, asegura.   

Hoy esas palabras revueltas y desordenadas están en Argentina y descansan en algún estante esperando que un lector se tropiece y se pierda ahí, donde: “va el tren con el niño/ahí va la vida a rodar/ahí va la ronda, el destino/ciudad y noche a girar/ahí va el tren sin destino/al nuevo día encontrar/corriendo va por la tierra/va por la sierra/va por el mar”.  

 

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