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El dibujante de Tierra del Fuego: Omar Hirsig

Forma parte de una familia de antiguos pobladores de la ciudad de Río Grande, en sus venas corren los inviernos fueguinos de los que le precedieron. Pero se demostró que el destino se deja garabatear. Omar se encargó de construir su vida en base a sus propios deseos, escuchándose a sí mismo, dibujando su porvenir e inquietándonos con su arte.

El artista plástico y dibujante de Leyendas de tierra del fuego, El origen del viento y Zink city nos cuenta sobre su camino de artista y su nueva producción individual que rescata el carácter heroico: Guanaco blanco.

Se construye un artista

Hay una calle con el apellido Hirsig en la ciudad de Río Grande que Omar ni siquiera conoce. Su vínculo familiar con sus padres lo inquieta y no duda en abrir la puerta a sus reflexiones. “Mi abuelo vino acá en los años 30. Él era muy copado, trabajaba en el campo y en el frigorífico CAP, era solitario. Yo viví en muchísimos lados por suerte. Al principio se me hacía triste porque te hace medio solitario, no echás raíces en ningún lado, de hecho me costó volver a encontrar mis raíces fueguinas. Pero a la larga eso también me hizo un poco nómade y me gusta ser de todos lados. Aprendí a apreciar la belleza de todas las cosas, de todos los lugares y eso tal vez me hizo mejor artista”.

El origen del viento-Hirsig, Rodriguez, Pasti

Pensar en  un chico fueguino vuelto nómade sin querer, creciendo como artista, o imaginando esa posibilidad entre los atardeceres rojizos y los pastos escarchados por el frío, nos hace pensar que para ser artista a veces el entorno geográfico y el clima hostil se vuelven aliados. “Ninguno de mi familia es artista, yo me fui haciendo por necesidad de sobrevivir en este mundo. Tuve una infancia medio problemática y el arte fue para mí, primero una necesidad, se fue transformando en un trabajo y luego en mi vida. No me imagino haciendo otras cosas”. ¿Cómo se inicia un chico que iba a un colegio sin orientación al arte y que viene de una familia donde no hay artistas? Omar agrega: “Es mirarme de nuevo, a mí, de chico, y no saber qué cosa tenía dentro, qué me hizo tan obstinado. En un momento renegué mucho, no quería dedicarme al arte. Quise dejar, quería tener una vida normal, un trabajo normal. Pero quizás se trata de un fuego que no se apaga con nada. Una necesidad de decir algo, sea lo que sea. Después eso se empieza a transformar en voces que escuchás y te interpelan. Capaz que hasta eso estuvo bien, el haber ido al colegio que fui y haberlo experimentado, y decir que no quería eso. Es un camino difícil el que fui haciendo. Todos los caminos tienen que ser difíciles para llegar algo”.

Lo místico, el frío, la soledad y la fueguinidad 

En el libro El origen del viento que el Omar Hirsig realizó con Federico Rodríguez y Germán Pasti, en el final hay una especie de últimas palabras que cada escritor enuncia antes de morir. Él pide que, antes de morir ahorcado, le saquen la capucha porque quiere “sentir el frío del viento en la cara”. Si hay algo que caracteriza lo fueguino tiene que ver justamente con esa sensación, una que ni el turista más esporádico se olvida: el viento y el frío, la libertad. “Y por muchas otras cosas más también, crudas y duras, pero me parece lindo rescatarlas. Como las flores, no todas las flores son lindas, las hay austeras. A mí me encantan los cardos, es una flor que no se deja ni tocar y tiene belleza. Para mí es fácil amar este lugar, por más que sea austero, difícil. Se trata de ir buscando la belleza en el viento, la lluvia, los días de oscuridad, la nieve, los animales”.

Hay otras producciones en las que el dibujante también reflota la cultura local y nos la hace ver de nuevo, construyendo nuevos sentidos. Por ejemplo, en la figura del Padre Zink, el cura gaucho. “Sacamos un libro basado un poco en él, Zink City. Lo escribimos con Federico Rodríguez porque nos encontramos y nos conectamos mucho, en el mismo sentido que amamos la fueguinidad, en un sentido amplio: la cultura Selk´nam, el campo, los animales, las leyendas, el terror, las historias de amor medias raras… Porque estar en una isla te hace raro. Nos tocó con Fede ir a la escuela en La Misión Salesiana aunque en diferentes años, así que lo conocíamos al Padre Zink y nos pareció siempre un personaje extraño. Ya era un personaje de por sí el padre. No se trata acá de un retrato devoto ni religioso, sino más bien sobre lo místico que encarna el Padre Zink. Yo estaba feliz de dibujarlo porque es un personaje al estilo Clint Eastwood. Una ginebra, el campo, un caballo, un perro y un poncho, los demonios, y ya tenía un personaje. No había que hacer más, era tan básico y tan lindo de dibujar. Después era ponerlo en diferentes contextos de la isla: Ushuaia, Tolhuin Río Grande, La Misión. Así recorrimos con la parte gráfica paisajes fueguinos que van mutando en cada época del año. Creo que fue la obra qué más le di a Tierra del Fuego. No sé qué pensará Fede”.

Leyendas de la tierra del fuego-

Si uno observa atentamente las obras en las que se involucra Omar, sus personajes y entornos se sienten locales, pero se puede intuir ciertas líneas temáticas que nos cruzan a todos desde diferentes lugares, como la soledad, la muerte, lo místico. Las tres encajan perfectamente en nuestro entorno, en lo fueguino. “Cuando volví a la isla me encuentro otra vez con la fueguinidad  y me encuentro otra vez con lo más profundo. Me di cuenta que no era sólo yo, somos todos medios así, tenemos que ser así para sobrevivir en este lugar. El encierro y la muerte son sentimientos que hay acá y conviven. Por eso, a mucha gente no le gusta y es al pedo disfrazarla. Acá está todo mal, tenemos que aprender a ser felices así”.

Lo político se mezcla en las obras, aunque muchos artistas no sean totalmente conscientes de ello. Una de las historias en las que ha estado más tiempo trabajando está por salir a la luz. “En estos precisos momentos estoy haciendo mi primera novela gráfica, Guanaco Blanco. La escribí hace muchos años y justamente refiere a un tema político. La novela refleja la corrupción política, entre policías y gendarmes corruptos y un personaje que es una especie de súper héroe. Hay un fondo medio místico, mágico. En esta novela creo que descargué el costado político que tenía acumulado hace años. Nunca dibujé tanto, me siento más seguro y estoy perdido dentro de mí mismo, en el sentido de dibujar horas. Es como encontrarme conmigo leyendo Batman en mi niñez, otra vez”.

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